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Revista de Filosofía y Teoría Política, 2004, nº 35, p. 121-127. ISSN 2314-2553
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Filosofía.

Reseña/Review

Anne Simon, Proust et le réel retrouvé. Le sensible et son expression dans À la recherche du temps perdu. París, Presses Universitaires de France, noviembre de 2000, p. 284.

Silvia Angélica Solas


Ciertas interpretaciones de la novela proustiana la conciben con una postura respecto a la realidad fundada en la subjetividad, las sensaciones engañosas, la fugacidad de los hechos. A partir de una nueva precisión de las nociones de 'realidad' y 'sensible', y con la filosofía de Maurice Merleau-Ponty como marco teórico, Anne Simon postula, por el contrario, que tal postura constituye una primera aproximación a la experiencia de lo real y de lo sensible, pero que se irá modificando y redefiniendo a lo largo de la novela; tales aproximaciones constituyen distintos momentos del itinerario de descubrimiento de la vocación literaria.

Lo real, en Proust, puede entenderse, según la autora, en dos sentidos: el primero, un sentido reductor, como lo que se opone a lo imaginario. El segundo, el que el presente estudio intenta fundamentar, como realidad asimilada a la autenticidad y a la verdad. Este último es el de El tiempo Recobrado, y, según el cual, se descubre un universo real, tras el universo aparente. Pero, aún así, no se trata de un mundo trascendente de tipo idealista, ni de una esencialidad neoplatónica; esta realidad permite, por el contrario, superar la dicotomía sujeto-objeto que aún subsiste en la primera acepción. Así, lo real, por un lado, aparece como una mezcla de sensaciones y no como un "más allá" de lo sensible. Por otro lado, como un "acto de creación" personal, no como lo estático propuesto a una mirada objetiva. Por lo cual será, la meta a alcanzar por la producción artística. Haciendo uso de la terminología merleaupontiana, la autora sostiene que lo que aparece como actualidad en la Recherche presenta los atributos de "latente" o "vacilante". Y es esta realidad, lo que el arte debe restituir. Así, lo real se "abre" sobre lo simbólico, lo que impide transformarlo en una simple representación subjetiva: las "cosas reales" sintetizan todas las "cosas imaginadas". La realidad proustiana, tal como se la reinterpreta en este estudio, no es, por tanto, una imagen "monádica", sino un vínculo, constantemente revisado y, por ende, cambiante, entre el sujeto que contempla el mundo y el "espectáculo" que él mismo instituye, en tanto lo contempla.

Dado el carácter cambiante de tal vínculo, lo sensible nunca aparece en Proust determinado o, como prefiere decir Anne Simon, "clausurado"; y esta falta de clausura implica la restitución de lo que la autora denomina, acertadamente, "temporalización", en lugar de "tiempo" que, al ser un concepto fijo, no permite registrar la variación que le es propia. En este nuevo sentido, la extratemporalidad proustiana es caracterizada, no ya como un "más allá del tiempo", sino como una relación viviente que incluye el movimiento, la evolución, la reformulación: no es ausencia de tiempo, sino enlace entre dos momentos que cobran sentido, uno por referencia al otro.

La realidad aparece, desde este nuevo punto de vista, como una relación entre el mundo imaginario y la existencia: asume la creencia y el deseo en su propia constitución. Tal relación entre el mundo y el yo, explica, en primer lugar, que una fantasía pueda ser creadora de existencia: el amor como ilusión, por ejemplo, es creador del dolor real; en segundo lugar, revela un aspecto verdadero del mundo; y, por último, permite determinar que la realidad proustiana propende a la transformación: cambia el mundo, cambia el sujeto, todo es perspectivas.

Así, desde esta nueva concepción de lo real, Anne Simon se propone, por un lado, ahondar en la noción de "sensible"; por otro lado, analizar la polisemia del término 'reencontrado' empleado por Proust. La crítica general acuerda en que lo sensible es un aspecto de lo real y que la referencia de Proust a lo sensible es una simple propedéutica para una conversión espiritualista final, reduciendo el término a la primera acepción de "real" mencionada al principio. La pregunta que formula la autora, es, entonces, ¿en qué sentido lo real se vuelve en la Recherche 'reencontrado'?: tal pregunta implica, primero, que ha sido perdido, por lo que algunos estudiosos de la obra de Proust, tales como Anne Henri o Gilles Deleuze,1 han asimilado lo real con lo pasado; segundo, que se equipara a una nueva manera de percibir las relaciones entre el tiempo, el mundo y el sujeto que percibe: así debe destacarse que las "impresiones oscuras" no son reminiscencias; no se trata de atrapar una sensación pasada, sino una verdad nueva.

El marco filosófico en el que se apoya el trabajo, como se ha dicho, está constituido por la filosofía merleaupontiana, dado el estrecho lazo que une al filósofo francés con el novelista (la Recherche ha sido uno de sus libros de cabecera) y que ha orientado una buena cantidad de sus reflexiones, por lo que Merleau considera a Proust como un equivalente a nivel literario de sus búsquedas filosóficas; 2 pero, destaca Anne Simon, si bien esto permite relacionar a Proust con la fenomenología, no autoriza a considerarlo como un fenomenólogo, no sólo por lo anacrónico de tal consideración -el comienzo de la Recherche apenas coincide con las primeras publicaciones de Husserl-, sino, y sobre todo, porque lo suyo constituye una anticipación de una línea de pensamiento centrada sobre lo sensible como dimensión, que será desarrollada, no sólo por la filosofía (a Husserl le siguen Ingarden, Heidegger, Sartre, Merleau-Ponty), sino también por la literatura (Claudel, Valéry, Colette, Giraudoux, Hofmannsthal, Rilke, Henri James), pero que no surge de la nada, sino de un momento caracterizado por la tensión entre el espiritualismo y el positivismo, propia de la transición de fin de siglo, tensión que provocará el intento de superar ambos extremos. No obstante, tampoco es el propósito de este trabajo aplicar el pensamiento de Merleau a la práctica novelesca de Proust, sino el de ver cómo el novelista "desde su anclaje en el XIX irriga la reflexión contemporánea por la importancia que le otorga al cuerpo (...)."3

El trabajo se estructura, luego de una introducción que justifica, como se ha visto, la forma en que Proust entiende lo real, en tres partes bien definidas:

La primera, titulada "De la esencia a la realidad", está constituida por dos capítulos: "La crisis de los dualismos" y "Deleuze y los signos". En el primero de ellos, Anne Simon, vuelve sobre lo falaz de las interpretaciones que han querido hacer de la novela un exponente de la filosofía idealista. Haciendo suyas las palabras de Vincent Descombes, para quien "la filosofía a la que se hace alusión en la novela no es la filosofía de la novela una vez escrita",4 Anne Simon analiza el "idealismo" proustiano como una etapa ambigua del itinerario intelectual del héroe, que se da especialmente en los primeros volúmenes. Reconoce la formación idealista del escritor en sus estudios en el Condorcet y la Sorbona, a través de sus maestros, (Darlu, en el primero, y Boutroux, Brochard y Rabier, en la segunda); pero el narrador de El Tiempo Recobrado está tironeado por las dos actitudes propias del siglo XIX: el materialismo y el espiritualismo. Proust parte de Darlu, pero arriba a una posición filosóficoestética mucho más moderna y compleja que pone de manifiesto la contemporaneidad del escritor: el espiritualismo vigente en la época, según el cual el mundo no es más que una representación del sujeto, aparece superado desde diversos ángulos a la vez: sea por la confrontación con el testimonio de los otros, por la presencia "maciza" de las cosas, por el sufrimiento corporal, y por la experiencia de vida en general, el narrador adquiere la certeza de que la realidad es algo más que una simple representación.

El segundo capítulo de esta primera parte, y como su título lo adelanta, está dedicado a la confrontación con el análisis de Deleuze en su Proust y los signos. Anne Simon no duda de la fecundidad de este análisis, pero descubre en el mismo una cierta contradicción, al valorar en demasía la búsqueda de lo esencial, que estaría dado en los signos del arte, adjudicándole al héroe proustiano una posición idealista o platónica,5 que el transcurso de la novela desmiente; y al olvidar, por otro lado, la innegable materialidad del arte, de la que resulta una oposición entre lo sensible y lo artístico, como si el arte "no fuera, ante todo, encarnación y aisthesis".6

La segunda parte del trabajo, "Existencia + imaginación = realidad",7 en consecuencia con los análisis precedentes, procura mostrar que, en Proust, la sensación no puede asimilarse al primer estadio del proceso de conocimiento, superable por la capacidad de razonar; no obstante, no se trata tampoco de transformar a Proust en un materialista: la relación del sujeto con el mundo se funda en lo sensible, pero sólo en la medida en que se lo entiende ligado con el sueño, la imaginación o el intelecto: el cuerpo no es ni cosa, ni idea.

Componen esta sección, también dos capítulos: En el primero, "Al corazón de lo real: espejos y creencias", se mostrará cómo lo real, en la Recherche, se define también por los reflejos y las ilusiones. En este sentido cobra notoria relevancia el encuentro del héroe con Elstir, pintor imaginario, puesto que marca un salto decisivo en relación con la aprehensión racional de lo real por el héroe: la tentativa para encontrar una realidad global, cuya ilusión se ha tomado como un momento tan válido como su rectificación. Como señala Merleau-Ponty, "la fragilidad misma de la percepción, que se patentiza en su ruptura y sustitución por otra percepción, lejos de autorizarnos a borrar de ella todo indicio de "realidad", nos obliga a reconocérselo a todas, a ver en ellas variantes del mismo mundo (...)".8 (1982), Se trata de rehabilitar la ilusión sensorial que permite sustituir la separación entre el objeto y la conciencia que percibe, por un sensible mixto que se define, según los términos proustianos, por el "envolvimiento". Este encuentro pone de relieve la capacidad ontológica del error de los sentidos: la virtualidad forma parte de la realidad, como lo sugieren también las 'creencias' que fundan la vocación misma del narrador. Lo efímero adquiere así un estatus ontológico que contribuirá a redefinir lo real como dinamismo, y que implica el despojamiento de las nociones de nuestra inteligencia habitual, no ya en la línea del pensamiento cartesiano, sino en el sentido de epojé de la fenomenología.

El segundo capítulo, "El arca y la carne", mostrará la consustancialidad de lo imaginario y de lo real, que en la Recherche aparece en un nivel más orgánico tradicionalmente excluido del campo literario, pero que encuentra un antecedente tanto en Baudelaire como en Lautréamont: las sensaciones internas . El aislamiento del héroe motivado por su enfermedad, en correlación con la del mismo Proust al escribir su novela, podría compararse, según Anne Simon, con la necesaria reclusión de Noé, quien desde su arca, intentará reconstituir el mundo; en esta reconstitución juega un papel fundamental el cuerpo, como escenario en el que se produce la vivencia más plena: la experiencia de la reminiscencia, acontecimiento que emana a la vez del mundo y del yo. El mundo se prolonga en la respuesta corporal, cuerpo que Proust asocia a lo aéreo y vidrioso, en su carácter de transparente, puesto que ya no es impedimento para tener acceso a lo real, sino, al contrario, el medio imprescindible: queda rota la disociación sujeto-objeto propia de la pretensión de sensación pura.

La tercera y última parte, "Sobreimpresiones sensibles y estilísticas", culmina el propósito de la autora: redefinir la noción de "real" en Proust explica también la forma de su escritura. Cobra relieve particular la noción de profundidad, dimensión espacial, que corresponde tanto al sujeto como al mundo y debe comprenderse "como una dirección o un nivel por el cual lo sensible se entreabre sobre los horizontes de indivisibilidad que son la condición misma de su manifestación" .9 La escritura pondrá entonces de manifiesto, como soporte o como génesis, la aprehensión proustiana del mundo. Dividida igualmente en dos capítulos, "Horizontes de la profundidad" y "Una estética de la sobreimpresión", intenta mostrar cómo el descubrimiento de la profundidad ontológica, que es el tema del primer capítulo de esta parte, explica el propio estilo de la escritura proustiana, lo que la autora concibe como profundidad textual y de escritura: la sobreimpresión estilística, no como un procedimiento de virtuosismo, sino como el medio de trascripción de aquella profundidad descubierta, lo que se analiza en el segundo capítulo. El protagonista de la novela va comprendiendo poco a poco, que tanto el tiempo, como los otros, los sueños, los sentimientos o los sucesos, son un confuso conjunto de "estratificaciones", a la vez espirituales y sensoriales de los que solamente puede dar cuenta una escritura "sobreimpresa". Por lo demás, tal afirmación tiene una sustancial consecuencia de carácter estético: el arte deja de ser un punto de vista superior sobre el mundo y lugar autónomo de significación: logra, en el nivel expresivo, lo que había tenido lugar en la sensación como emergente de lo insensible, de la idea o de la fantasía, en el interior de lo percibido. Como dice la autora: "(...) el lenguaje y la expresión artística en general, poseen una dimensión carnal y una materialidad ocultas para nuestra constante atención en las significaciones que ellos portan" .10

La conclusión aporta, finalmente, una interesante disquisición acerca de la postura del novelista frente a dos cuestiones de suma relevancia en la literatura contemporánea: la Naturaleza y la Historia. Ni la una ni la otra aparecen en Proust, así, con mayúsculas: nada hay de trascendente, en este sentido, en la Recherche; puesto que, en concordancia con su concepción sobre lo real, todo pasa por el individuo y su inevitable relación con "el mundo": "Solamente el artista formula la riqueza del mundo (...)" .11 De ahí que sea la escritura, la literatura, -que paradójicamente se da en la novela de un modo excesivo, saturado, asfixiante-, la que pueda manifestar contundentemente, el constante dinamismo de ese mundo; puesto que, como han mostrado los estudios genéticos, la escritura "es una "búsqueda", una investigación que intenta pegarse a la fugacidad de su objeto y constituirlo en el movimiento mismo de su persecución -intento infinito, pues no tiene más que un término arbitrario debido al azar de una muerte anunciada" .12

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1 A. Henri, Proust novelista, París, Flammarions, 1983; G. Deleuze, Proust y los signos, París, Puf, 1986.

2 Cfr. M. Ponty, Lo visible y lo invisible, Barcelona, Seix Barral, 1970, p. 185. (Ed. Original: Le visible et l'invisible, Paris, Gallimard, 1964)

3 Anne Simon, Op. Cit., p. 15 (la traducción es mía)

4 Proust. Philosophie du roman, París, Èd. De Minuit, 1987, p. 47.

5 Cfr. G. Deleuze, Proust y los signos, Barcelona, Anagrama., 1995: "Proust es platónico, y no vagamente, porque invoca las esencias o las Ideas a propósito de la corta frase de Vinteuil. (...)", p. 184.

6 Anne Simon, Op. Cit., p. 68; (la traducción es mía)

7 Fórmula del mismo Proust, quien definió la realidad en un pre-texto trascripto por Bernard Brun: "No olvidar la idea de EXISTENCIA (capital) unida en estas resurrecciones a la imaginación = realidad" (Cahier 38, fº 14 rº; citado en "Novela crítica, novela filosófica o novela" Bulletin Marcel Proust, nº 39, 1989, p. Anne Simon, Op. Cit. p. 110.

8 M. Ponty, Lo visible..., Op. Cit., p. 62

9 Anne Simon, Op. Cit., p. 166; (la traducción es mía)

10 Anne Simon, Op. Cit., p. 167; (la traducción es mía)

11 Anne Simon, Op. Cit., p. 261; (la traducción es mía)

12 Anne Simon, Op. Cit., p. 267; (la traducción es mía)

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